En el ámbito societario, pocas situaciones dañan tanto a una empresa como la inacción del administrador. Si no convoca la junta, el órgano decisorio queda bloqueado, se impide adoptar acuerdos esenciales y la sociedad puede caer en una parálisis operativa. Quedan en suspenso decisiones clave como aprobar cuentas, aplicar el resultado o renovar cargos