Son muchos los desafíos de miles de familias que ven cómo a lo largo de la época estival desaparecen las rutinas, los apoyos y las actividades que sostienen el día a día durante el curso. Factores como conductas de fuga, la dificultad para comunicar una situación de peligro o la menor percepción del riesgo pueden incrementar la vulnerabilidad en entornos como playas, piscinas, campamentos o espacios muy concurridos