Ante el aumento de los riesgos en el entorno digital, cada vez son más las familias que apuestan por reglas acorde a la edad y madurez de cada hijo. Desde Qustodio, subrayan que, en un entorno diseñado para prolongar la atención a la tecnología, el papel de los padres es clave para establecer límites claros, adaptados a cada etapa del desarrollo
La preocupación por el impacto de las redes sociales en la salud infantojuvenil continúa aumentando, especialmente ahora, en medio del proceso judicial que enfrenta Meta en Estados Unidos, señalados por el impacto negativo de sus plataformas en los jóvenes. Así, este escenario intensifica el debate global sobre la protección de los menores en Internet.
En la misma línea, el estudio Perdidos en el scroll: la crianza en la era de los algoritmos, las apps y la IA, realizado por Qustodio, plataforma líder en seguridad online y bienestar digital, refleja que más de la mitad (51%) de los padres, que usan alguna app de control parental en los dispositivos de sus hijos, empezaron a utilizarlas cuando ellos tenían entre 10 y 12 años. Por ello, cada vez más progenitores reflexionan sobre cómo establecer normas tecnológicas en casa. Es aquí donde comienza a consolidarse un nuevo concepto: las "familias tech-tailor".
Este fenómeno abre un nuevo paradigma en la forma de gestionar los hábitos digitales. Frente a modelos rígidos que aplican las mismas normas para todos los hijos, estas familias optan por reglas personalizadas, en función de la edad, necesidades educativas, grado de madurez o contexto social. En palabras de Emily Lawrenson, gerente de comunicación de Qustodio: "La educación digital no puede ser uniforme, porque los menores no evolucionan al mismo ritmo. Por ello, personalizar las normas no significa rebajar los límites, sino ajustarlos a las necesidades de cada hijo".
Desde Qustodio, aseguran que la clave está en involucrar a los niños en la definición de estas reglas, atendiendo a sus necesidades y pensamientos sobre el entorno digital. "Un acuerdo digital debe construirse en familia. De hecho, cada miembro puede proponer una regla y participar así en el consenso, de forma que los más jóvenes puedan asumir mayores responsabilidades sobre su comportamiento online", apunta Lawrenson.
Igualmente, los expertos de Qustodio insisten en adaptar las normas a la edad de cada hijo y proponen hacerlo de la siguiente manera:
Infancia temprana (6-9 años). En este grupo de edad, donde comienzan a tener más autonomía y explorar más en detalle el mundo de las pantallas, la principal preocupación de los padres gira en torno a la exposición a contenidos inapropiados y la limitada capacidad de autorregulación de los menores. Por eso, se recomienda emplear los dispositivos en espacios comunes, con una supervisión directa y en periodos de tiempo reducidos, designando la tecnología como una actividad puntual. Preadolescencia (10-13 años). Los 12 años suele ser la edad media a la que los menores reciben su primer teléfono móvil, por lo que en esta etapa comienzan a utilizar apps de comunicación o redes sociales. Entre las recomendaciones tech-tailor destacan establecer horarios de uso, limitar el uso nocturno del móvil en el dormitorio o acordar el primer acuerdo digital familiar. Adolescencia (14-17 años). A medida que los jóvenes van creciendo, surgen nuevas preocupaciones relacionadas con la identidad digital, reputación online, comparaciones, ciberacoso o visualización de contenidos sensibles, entre otros. En este rango la personalización de las reglas es crucial, ya que no todos tienen la misma madurez. Por ello, se aconseja revisar periódicamente el acuerdo digital, pactar tiempos de uso razonables y reforzar las conversaciones sobre privacidad y huella digital.En definitiva, las familias tech-tailor no pretenden ejercer un mayor control sobre los menores, sino tener una supervisión más consciente. "Cuando las normas digitales se ajustan a la madurez y necesidades de cada menor, aumentan su autonomía y responsabilidad, contribuyendo a reducir los conflictos en casa", concluye Emily.
