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Según un estudio de Qida, envejecer en casa puntúa 8,5 sobre 10. Cuanto mayor es la dependencia de la persona, más es su voluntad de estar en casa. El 69% de las personas mayores puntúa entre 7 y 10 su preocupación por convertirse en una carga para su familia, y el 70% de las familias sitúa en ese mismo rango la carga que siente al gestionar el cuidado. Los hijos están más divididos: el 51% está de acuerdo con que su familiar utilice su patrimonio para costear apoyos y cuidados

Para muchas personas, el patrimonio no es solo ahorro, seguridad económica o herencia: también puede ser una herramienta para decidir cómo vivir y afrontar eventuales necesidades de cuidado.

Así lo refleja Vivir o dejar en herencia, el estudio nacional realizado por Qida. El 71% de las personas mayores y sus familiares estaría dispuesto, total o parcialmente, a utilizar sus ahorros o patrimonio para financiar servicios que les permitan seguir en su hogar, frente a un 29% con poca o ninguna disposición.

Envejecer en casa, prioridad ante la necesidad de ayuda La disposición a invertir recursos económicos se entiende mejor al observar la importancia que conceden las familias a que el mayor pueda permanecer en su hogar, un 8,5 sobre 10 de media. Esta prioridad cobra aún más relevancia cuando aumenta la necesidad de apoyo: el 85% de las familias con un mayor con Grado I de dependencia sitúa entre 8 y 10 la importancia de seguir en casa, frente al 70% de aquellas con un mayor sin grado de dependencia reconocido.

Quedarse en casa, sin ser una carga Ese deseo tiene una clara dimensión familiar y convive con una preocupación compartida: el 69% de las personas mayores puntúa entre 7 y 10, en una escala de 0 a 10, su preocupación por no convertirse en una carga física o emocional para sus familiares, y el 70% de las familias siente esa carga física, emocional o logística al gestionar el cuidado. Para muchas personas, usar recursos propios puede ser una forma de preservar su autonomía y evitar que la responsabilidad recaiga exclusivamente sobre sus hijos.

Una misma decisión, tres actitudes La relación con el patrimonio no es homogénea, y la disponibilidad de recursos económicos no explica por sí sola estas posturas. El estudio identifica tres grandes actitudes de los seniors ante el cuidado futuro y la relación con el patrimonio: el 62% muestra mayor predisposición a movilizar su patrimonio para preservar su autonomía y bienestar; el 25% presenta una actitud orientada a proteger el patrimonio y la herencia; y el 13% restante se inclina por buscar mecanismos de cobertura planificada.

Dos maneras de proteger el patrimonio: legado y seguridad Dentro del 25% que quiere proteger su patrimonio, el informe los divide en dos perfiles. Por un lado, los "guardianes del legado" (10% de los encuestados) mantienen una relación muy protectora con sus bienes, que conciben como herencia para futuras generaciones: el 98% declara que está poco o nada dispuesto a usar sus ahorros y patrimonio para financiar cuidados en casa.

Por otro lado, el perfil de "fragilidad en alerta" (15%) responde a otra lógica. Reúne a personas con mayor vulnerabilidad económica y edad avanzada: el 91% declara ingresos inferiores a 1.500 euros mensuales, el 60% tiene más de 80 años y el 84% son mujeres. El 100% afirma estar poco o nada dispuesto a utilizar su patrimonio para costear cuidados.

Detrás de una misma negativa hay, por tanto, motivos distintos. El estudio permite interpretar que, cuando los recursos corrientes son limitados, conservar el patrimonio puede funcionar como un mecanismo de seguridad ante futuras necesidades o incertidumbres.

Los hijos ante la misma decisión Entre los hijos e hijas, la opinión está más repartida: el 51% está de acuerdo con que sus padres utilicen su patrimonio y ahorros para costear apoyos y cuidados, mientras que el 32% prefiere que preserven parte o la totalidad. Más que un desacuerdo, los datos apuntan a una conversación pendiente: la de hablar en familia, con tiempo, de qué papel debe jugar el patrimonio cuando llegue la necesidad de cuidados.

Del patrimonio como herencia a la capacidad de elección Los resultados muestran que el patrimonio no cumple una única función: para unas personas es seguridad, para otras autonomía, capacidad de decisión o legado. Por eso, más que un debate entre gastar o guardar, el estudio abre una pregunta sobre la capacidad de elegir cómo se quiere envejecer.

"Durante mucho tiempo hemos entendido el patrimonio sobre todo como ahorro y como herencia. Este informe muestra que también puede ser una herramienta para decidir cómo queremos vivir cuando aparecen necesidades de cuidado. nos debemos preguntar cuánto tenemos, así como qué papel queremos que juegue el ahorro al envejecer. Y es una conversación que conviene tener en familia, y con tiempo, antes de que llegue la necesidad", Oriol Fuertes, CEO y Fundador de Qida.