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La empresa andaluza fabrica soluciones personalizadas de almacenamiento de agua y líquidos industriales en su planta de Casariche, adaptando las características técnicas de cada depósito a las necesidades específicas de los sectores agrícola e industrial

La gestión eficiente del agua se ha consolidado como un factor estratégico para cooperativas, explotaciones agrícolas e industrias, que requieren soluciones fiables para asegurar la disponibilidad de sus recursos en los procesos productivos. En este marco, los depósitos de poliéster reforzado con fibra de vidrio (PRFV) se presentan como una infraestructura técnica adaptada para el almacenamiento de agua de riego, aguas de proceso y otros fluidos compatibles.

La empresa Poliéster y Piscinas Castillo, ubicada en el Polígono Industrial Santa Bárbara de Casariche, Sevilla, centraliza la fabricación de estos depósitos, además de cisternas y equipos de depuración. Su capacidad productiva permite atender tanto instalaciones fijas como equipos móviles destinados a remolques y camiones, cubriendo un amplio espectro de necesidades que van más allá del ámbito de las piscinas.

El uso del PRFV en el almacenamiento de líquidos se fundamenta en su relación entre resistencia mecánica y peso, además de su resistencia a la corrosión, lo que evita la oxidación propia de los materiales metálicos. No obstante, la idoneidad técnica de un depósito depende de variables críticas como la naturaleza de la resina, la temperatura del fluido, su concentración química y las condiciones de servicio específicas de cada instalación.

"La elección de la resina y de la barrera química debe basarse en información técnica precisa sobre el producto que se va a almacenar, incluyendo su composición, densidad y ciclos de uso", señalan fuentes de la compañía al referirse a la selección de materiales para cada proyecto. La normativa actual, incluido el Real Decreto 3/2023, exige que cualquier infraestructura que contenga agua de consumo cumpla con los requisitos sanitarios y de aptitud de materiales pertinentes, por lo que la fabricación debe ser específica para cada caso.

Para el sector agrícola, los depósitos facilitan la regulación del suministro hacia sistemas de riego, la acumulación de agua de lluvia y la organización de tratamientos de fertirrigación. En el ámbito industrial, estas infraestructuras se integran en procesos de decantación, tratamiento de efluentes y servicios auxiliares. En aquellos escenarios donde se gestionan sustancias químicas o residuos, la normativa europea de las mejores técnicas disponibles suele requerir sistemas complementarios de contención secundaria, como cubetos de retención o doble pared, para prevenir fugas.

Para garantizar un diseño ajustado, la empresa destaca la importancia de aportar datos técnicos previos a la fabricación, tales como el volumen útil, el tipo de líquido, la temperatura y las condiciones de instalación. De esta forma, el proceso de fabricación, que incluye la determinación de dimensiones y la disposición de válvulas, bocas de registro o sistemas de agitación, se ajusta a los requerimientos operativos de cada cliente.