Expertos de Herbalife ponen el foco en la llamada "hidratación respiratoria" un concepto del que cada vez hablan más especialistas para destacar la importancia de mantener hidratadas las vías respiratorias cuando coinciden humo, calor y aire seco
La hidratación siempre es una prioridad durante el verano, pero los actuales episodios de humo que acechan distintas zonas de España han añadido un motivo más para no descuidarla. Los expertos de Herbalife recuerdan que una buena hidratación ayuda a mantener las funciones fisiológicas normales del organismo en un contexto especialmente exigente, en el que coinciden altas temperaturas, baja humedad ambiental y partículas en suspensión que irritan las vías respiratorias.
Según el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS), las masas de humo pueden desplazarse a grandes distancias dependiendo de las condiciones meteorológicas, deteriorando la calidad del aire, como está ocurriendo estos días en distintas zonas de España.
Uno de los principales componentes del humo son las partículas finas (PM2,5), unas partículas microscópicas capaces de penetrar profundamente en el aparato respiratorio. Debido a su reducido tamaño, pueden alcanzar zonas profundas de los pulmones y están asociadas a efectos negativos sobre la salud, especialmente en personas vulnerables.
"Cuando hablamos del humo intenso, pensamos inmediatamente en proteger los pulmones, pero pocas veces se habla de que la hidratación también forma parte del cuidado del organismo durante estos episodios", explica Florencia Braga, Dietista-Nutricionista y gerente sénior de Asuntos Científicos para EMEA en Herbalife. "Mantener una ingesta adecuada de líquidos ayuda a mantener hidratadas las mucosas de las vías respiratorias, esenciales para su función protectora".
La hidratación respiratoria, la gran olvidada cuando el aire se llena de humo Los especialistas recuerdan cada vez más la importancia de lo que denominan "hidratación respiratoria", un concepto que hace referencia al mantenimiento de las mucosas correctamente hidratadas para favorecer su función de barrera frente a agentes externos.
Las vías respiratorias cuentan con un sistema de limpieza propio denominado aclaramiento mucociliar. Este mecanismo combina una fina capa de moco y el movimiento coordinado de millones de pequeños cilios que ayudan a atrapar y expulsar partículas inhaladas antes de que alcancen zonas más profundas del aparato respiratorio.
Cuando las mucosas se resecan por factores como el aire seco o la exposición a partículas irritantes, este sistema puede verse alterado, aumentando molestias como sensación de garganta seca, picor, tos o irritación.
A ello se suma un aspecto poco conocido: el organismo también pierde agua a través de la respiración. Cada vez que inspiramos, las vías respiratorias deben calentar y humidificar el aire que llega a los pulmones y, al espirar, se elimina vapor de agua. Cuando el ambiente está muy seco o cargado de partículas irritantes, este proceso resulta más exigente para el organismo.
Además, los episodios de humo suelen coincidir con altas temperaturas, baja humedad ambiental y periodos prolongados de estabilidad atmosférica, una combinación que incrementa las pérdidas de agua por la sudoración y hace aún más importante mantener una hidratación adecuada.
¿Necesita el organismo más agua cuando se respira humo? Los expertos aconsejan prestar una mayor atención a la hidratación durante estos episodios, distribuyendo la ingesta de líquidos a lo largo del día y sin esperar a tener sed.
"Muchas personas asocian la hidratación únicamente al calor o al ejercicio físico. Sin embargo, cuando coinciden humo, aire seco y temperaturas elevadas, conviene reforzar este hábito diario porque el organismo necesita mantener el equilibrio hídrico y el correcto funcionamiento de las vías respiratorias", señala Florencia Braga.
Además del agua, frutas y verduras con un elevado contenido hídrico —como sandía, melón, tomate, pepino o melocotón— pueden contribuir a alcanzar las necesidades diarias de líquidos.
El humo pone a prueba a los más vulnerables Aunque cualquier persona puede experimentar molestias durante la exposición al humo, no todos los organismos responden de la misma manera. Los efectos pueden ser más intensos en determinados grupos de población, ya sea porque sus mecanismos de defensa son más limitados o porque padecen enfermedades previas que pueden agravarse con la mala calidad del aire.
Niños, cuyo aparato respiratorio aún está en desarrollo y que, además, respiran más aire en proporción a su peso corporal que los adultos. Personas mayores, que suelen percibir peor la sensación de sed y presentan una menor capacidad para regular la temperatura corporal, lo que incrementa el riesgo de deshidratación. Mujeres embarazadas. Los cambios fisiológicos de la gestación incrementan las necesidades de hidratación y hacen recomendable extremar las precauciones antes episodios de mala calidad del aire. Personas con asma, EPOC o enfermedades cardiovasculares, en quienes las partículas presentes en el humo pueden agravar los síntomas o desencadenar complicaciones. Trabajadores y personas que realizan actividades al aire libre, por su mayor tiempo de exposición al humo y, en muchos casos, al calor.Cinco claves para mantener una buena hidratación cuando el humo empeora la calidad del aire Ante esta situación, los expertos recomiendan incorporar medidas sencillas que pueden ayudar al organismo a afrontar mejor estas condiciones:
Mantener una hidratación constante durante toda la jornada, sin esperar a tener sed. Priorizar frutas y verduras con alto contenido en agua. Evitar el ejercicio intenso al aire libre cuando la calidad del aire sea desfavorable. Permanecer en espacios interiores siempre que sea posible y seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Consultar con un profesional sanitario si aparecen dificultad para respirar, dolor en el pecho o un empeoramiento de enfermedades respiratorias o cardiovasculares."Aunque la hidratación no sustituye las medidas de protección frente a la contaminación atmosférica, forma parte de los hábitos que ayudan al organismo a responder mejor frente al estrés ambiental que suponen el calor y circunstancias ambientales adversas", concluye Florencia Braga.
